Los egresados de ingeniería química de la Universidad de América, Natalia Cortes Salazar y Brian David Casallas Martín, obtuvieron un reconocimiento en el XXI Congreso Interamericano de Ingeniería Química. Educa Colombia tuvo la oportunidad de conversar con ellos sobre este importante logro, el premio a la Mejor Opción de Grado en la Categoría Impacto Social por su investigación “Valorization of organic Wastes by transmation with black soldier fly larve: Prospecting og agricultural fertilizars”.
¿Cómo fue su experiencia en el XXI Congreso Interamericano de Ingeniería Química?, ¿cómo llegaron allí?
Nuestra experiencia en el XXI Congreso Interamericano de Ingeniería Química fue sumamente enriquecedora y gratificante. Inicialmente, recibimos la convocatoria por parte de la directora del proyecto, Diana Marcela Cuesta Parra, y decidimos inscribirnos en la categoría de impacto social en marzo de 2025. Nuestra investigación, enfocada en la reducción de la huella ambiental mediante la aplicación de economía circular y el aprovechamiento de residuos orgánicos, contribuyó significativamente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2, 11, 12 y 15.
En junio de 2025, la organización del evento nos contactó para informarnos que habíamos sido galardonados con el premio en dicha categoría. A partir de ese momento, gestionamos la logística para el desplazamiento, dado que como ganadores se nos otorgaron los tiquetes aéreos de ida y regreso a Cartagena. El 2 de julio asistimos a la ceremonia de premiación, donde nos sentimos orgullosos de representar a la Universidad de América tras el esfuerzo y dedicación invertidos en todas las fases de la investigación.
Fue un honor compartir este espacio con destacados exponentes, investigadores y docentes de la ingeniería química del país, y nos alegró profundamente contribuir al avance de la ciencia y la investigación en Colombia.
¿Cuáles fueron los principales desafíos técnicos que enfrentaron durante su investigación?
Durante nuestra investigación, uno de los principales desafíos técnicos fue la fase de experimentación, que se extendió desde julio hasta noviembre de 2023, abarcando cinco meses de intenso trabajo. Inicialmente, realizamos los ensayos en el Instituto Técnico Central de la Salle, con el apoyo de la Universidad Distrital, que nos proporcionó el espacio, así como los instrumentos y equipos necesarios para implementar la metodología, tales como un reactor industrial con control automatizado de temperatura y humedad, mufla, horno, balanzas analíticas y molino industrial.
No obstante, por razones extrínsecas, tuvimos que trasladar la experimentación a la Universidad de América, donde enfrentamos el reto de adaptarnos a nuevos equipos, entre ellos un reactor de escala laboratorio diseñado de manera imprevista y con una automatización sencilla, para garantizar que el cambio de medio no afectara el desarrollo de las larvas.
Otro desafío fue el fuerte olor generado por la descomposición natural del material orgánico, especialmente a las temperaturas utilizadas, lo que causó incomodidad entre nuestros compañeros en el espacio asignado para la investigación.
¿Qué resultados obtuvieron en términos de la eficiencia de la transformación de residuos y la calidad del producto final.
Durante el desarrollo de la investigación, se evaluó la eficiencia de la biotransformación de residuos orgánicos utilizando larvas de la mosca soldado negra bajo diferentes condiciones de temperatura y relaciones carbono/nitrógeno. Los resultados evidenciaron que la mayor eficiencia en la transformación de residuos se alcanzó a 27 °C con una relación C/N de 14:1, obteniéndose una tasa de supervivencia del 90,48 %, una tasa de consumo del sustrato del 74,73 % y un índice de reducción de residuos (WRI) de 3,74. Estas condiciones también permitieron una alta densidad de biomasa larval y una tasa de crecimiento específica favorable, lo que confirma el potencial de las larvas para el aprovechamiento eficiente de los residuos orgánicos que están compuestos por frutas, verduras y residuos cocidos. Sin embargo, el tratamiento menos eficiente fue el de relación C/N 8:1, asociado con mayor proporción de residuos cárnicos, lo cual redujo significativamente el consumo y crecimiento larval. Se observó una reducción del consumo por la menor preferencia de las larvas por proteínas animales en exceso.
En cuanto a la calidad del producto final, se identificó que el mayor contenido de proteína cruda en las larvas se logró a 31 °C con la mezcla 12:1, alcanzando un 54,20 %, mientras que el mayor contenido de lípidos se obtuvo con la mezcla 14:1 a 29 °C, con un 39 % de extracto etéreo. Estos valores posicionan a las larvas como un recurso nutricionalmente valioso para su uso en alimentación animal.
Por otro lado, el frass, subproducto del proceso, mostró características adecuadas para su aplicación como fertilizante orgánico, especialmente en tratamientos a 29 y 31 °C con relaciones C/N de 12:1 y 10:1, cumpliendo con los estándares establecidos por la norma NTC 5167:2022. En conclusión, la eficiencia de la transformación de residuos y la calidad de los productos obtenidos dependen directamente de las condiciones del proceso, siendo clave una adecuada proporción de nutrientes en el sustrato y un control adecuado de los
factores ambientales.
¿Qué impacto tuvo el reconocimiento de su investigación en el congreso?
Nos sentimos muy felices y orgullosos por el reconocimiento obtenido en el congreso, ya que representa una validación al esfuerzo y compromiso invertido en cada etapa del proyecto. Este logro no solo fortalece nuestra motivación para seguir investigando, sino que también representa un importante mejoramiento en nuestra hoja de vida académica y profesional, al respaldar nuestras capacidades en investigación científica, innovación y
sostenibilidad.
También nos encontramos con grandes expectativas, pues esperamos contar con el apoyo de entidades públicas y privadas en futuras investigaciones, ya que a lo largo de este proceso descubrimos nuestra verdadera pasión por la investigación en áreas relacionadas con los bioprocesos y el aprovechamiento de residuos. Creemos firmemente que ese es el camino hacia el futuro de la ingeniería química, un camino que no solo debe centrarse en la productividad, sino también en la sostenibilidad ambiental, económica y social.
¿Qué implicaciones tiene su investigación para la gestión de residuos y la sostenibilidad ambiental?
Nuestra investigación representa un aporte significativo a la gestión de residuos y a la sostenibilidad ambiental, al comprobar que el uso de larvas de mosca soldado negra constituye una estrategia eficaz, accesible y ambientalmente responsable para la transformación de residuos orgánicos. Los resultados demuestran que, mediante este proceso, es posible reducir considerablemente el volumen de desechos, obtener biomasa de alto valor nutricional para uso en alimentación animal y generar un subproducto (frass) con potencial como fertilizante orgánico, cumpliendo con los parámetros establecidos por la normatividad colombiana.
Se trata de una tecnología de bajo costo, ya que la materia prima son los mismos residuos orgánicos. No obstante, su eficiencia depende del control riguroso de variables como la temperatura y la humedad, fundamentales para garantizar la supervivencia y desarrollo óptimo de las larvas. Este enfoque no solo plantea soluciones concretas al manejo inadecuado de residuos, sino que además impulsa una economía circular, fomentando el aprovechamiento integral de recursos y contribuyendo al equilibrio entre productividad y sostenibilidad ambiental.
¿Cómo ha contribuido su formación como ingenieros químicos de la Universidad América, a su capacidad para llevar a cabo esta investigación?
Nuestra formación como ingenieros químicos en la Universidad de América ha sido fundamental para el desarrollo de esta investigación. Desde los primeros semestres, se nos ha motivado a involucrarnos en problemáticas reales como el cambio climático y la gestión de residuos, fomentando desde el inicio una conciencia ambiental y social. Los docentes constantemente nos inspiran a investigar, a creer en nuestras ideas y a desarrollar soluciones innovadoras con impacto.
Además, la Universidad cuenta con instalaciones y laboratorios bien dotados, que permiten llevar a cabo investigaciones de calidad. Más allá de lo teórico, la formación se enfoca en aplicar los conocimientos en entornos prácticos, lo cual fue clave para enfrentar con confianza cada etapa del proyecto. Este acompañamiento integral y el acceso a herramientas actualizadas nos permitieron materializar una propuesta realista, sostenible y con valor para el país.
¿Cómo se sintieron al representar a su Alma Máter en un evento internacional como este?
Nos sentimos orgullosos y agradecidos de llevar el nombre de la Universidad de América a un escenario académico de alto nivel, donde pudimos compartir el fruto de nuestro trabajo y demostrar la calidad de la formación que recibimos.
Fue una oportunidad para mostrar no solo nuestras capacidades como investigadores, sino también el compromiso de nuestra universidad con la sostenibilidad, la innovación y el aporte a los retos globales. Este reconocimiento nos llena de motivación para seguir aprendiendo, investigando y dejando en alto a nuestra institución.
¿Qué habilidades y conocimientos específicos desarrollan a través de esta experiencia? Y, ¿Cómo visualizan su futuro profesional después de esta experiencia?
A través de esta experiencia desarrollamos habilidades clave como el trabajo en equipo, la formulación de proyectos, el análisis crítico de datos y la capacidad de adaptarnos a condiciones experimentales reales. También fortalecimos nuestros conocimientos en bioprocesos, gestión de residuos, sostenibilidad y análisis bromatológico, lo cual amplió nuestra visión sobre el papel que puede desempeñar la ingeniería química en la solución de problemáticas ambientales.
Esta vivencia nos inspiró a proyectarnos profesionalmente hacia el campo de la investigación, con el deseo de seguir aportando a la reducción de la huella de carbono y al desarrollo de tecnologías sostenibles. Aunque a veces sentimos que falta mayor apoyo y visibilidad para iniciativas como esta, seguimos firmes en nuestro compromiso de generar impacto desde la ciencia y la ingeniería.
¿Qué consejos darían a otros estudiantes que estén interesados en llevar a cabo este tipo de trabajos de investigación?
A los estudiantes que estén interesados en llevar a cabo este tipo de investigaciones, les diríamos que aunque el camino no es fácil, definitivamente vale la pena. Sabemos por experiencia propia lo difícil que puede ser iniciar y, sobre todo, mantener la constancia durante todo el proceso experimental. Es una labor que demanda mucho tanto física como mentalmente; en nuestro caso, lidiamos con olores fuertes, cambios de sede y múltiples
ajustes, pero nada de eso se compara con la satisfacción de ver resultados reales y sentir que todo el esfuerzo valió la pena.
También les aconsejamos que tengan muy presente toda la metodología teórica antes de iniciar la experimentación. Conocer bien el paso a paso les permitirá reducir errores y garantizar que los datos que recojan sean confiables y útiles. La rigurosidad en este punto marca la diferencia.
Cuando empezamos nuestro proyecto de grado, sinceramente no imaginamos que llegaríamos tan lejos ni que recibiríamos un reconocimiento internacional... ¡pero fue muy, muy chévere! Así que si tienen una idea, apuéstenle con convicción. Investigar es retador, pero también es una de las experiencias más gratificantes que se pueden vivir en la universidad.
Educación Colombia felicita a los egresados Natalia Cortes Salazar y Brian David Casallas Martín. Junto a la docente de la Universidad de América, lograron este importante mérito académico, que refleja la excelencia y el compromiso de su institución.
¿Cómo fue su experiencia en el XXI Congreso Interamericano de Ingeniería Química?, ¿cómo llegaron allí?
Nuestra experiencia en el XXI Congreso Interamericano de Ingeniería Química fue sumamente enriquecedora y gratificante. Inicialmente, recibimos la convocatoria por parte de la directora del proyecto, Diana Marcela Cuesta Parra, y decidimos inscribirnos en la categoría de impacto social en marzo de 2025. Nuestra investigación, enfocada en la reducción de la huella ambiental mediante la aplicación de economía circular y el aprovechamiento de residuos orgánicos, contribuyó significativamente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2, 11, 12 y 15.
En junio de 2025, la organización del evento nos contactó para informarnos que habíamos sido galardonados con el premio en dicha categoría. A partir de ese momento, gestionamos la logística para el desplazamiento, dado que como ganadores se nos otorgaron los tiquetes aéreos de ida y regreso a Cartagena. El 2 de julio asistimos a la ceremonia de premiación, donde nos sentimos orgullosos de representar a la Universidad de América tras el esfuerzo y dedicación invertidos en todas las fases de la investigación.
Fue un honor compartir este espacio con destacados exponentes, investigadores y docentes de la ingeniería química del país, y nos alegró profundamente contribuir al avance de la ciencia y la investigación en Colombia.
¿Cuáles fueron los principales desafíos técnicos que enfrentaron durante su investigación?
Durante nuestra investigación, uno de los principales desafíos técnicos fue la fase de experimentación, que se extendió desde julio hasta noviembre de 2023, abarcando cinco meses de intenso trabajo. Inicialmente, realizamos los ensayos en el Instituto Técnico Central de la Salle, con el apoyo de la Universidad Distrital, que nos proporcionó el espacio, así como los instrumentos y equipos necesarios para implementar la metodología, tales como un reactor industrial con control automatizado de temperatura y humedad, mufla, horno, balanzas analíticas y molino industrial.
No obstante, por razones extrínsecas, tuvimos que trasladar la experimentación a la Universidad de América, donde enfrentamos el reto de adaptarnos a nuevos equipos, entre ellos un reactor de escala laboratorio diseñado de manera imprevista y con una automatización sencilla, para garantizar que el cambio de medio no afectara el desarrollo de las larvas.
Otro desafío fue el fuerte olor generado por la descomposición natural del material orgánico, especialmente a las temperaturas utilizadas, lo que causó incomodidad entre nuestros compañeros en el espacio asignado para la investigación.
¿Qué resultados obtuvieron en términos de la eficiencia de la transformación de residuos y la calidad del producto final.
Durante el desarrollo de la investigación, se evaluó la eficiencia de la biotransformación de residuos orgánicos utilizando larvas de la mosca soldado negra bajo diferentes condiciones de temperatura y relaciones carbono/nitrógeno. Los resultados evidenciaron que la mayor eficiencia en la transformación de residuos se alcanzó a 27 °C con una relación C/N de 14:1, obteniéndose una tasa de supervivencia del 90,48 %, una tasa de consumo del sustrato del 74,73 % y un índice de reducción de residuos (WRI) de 3,74. Estas condiciones también permitieron una alta densidad de biomasa larval y una tasa de crecimiento específica favorable, lo que confirma el potencial de las larvas para el aprovechamiento eficiente de los residuos orgánicos que están compuestos por frutas, verduras y residuos cocidos. Sin embargo, el tratamiento menos eficiente fue el de relación C/N 8:1, asociado con mayor proporción de residuos cárnicos, lo cual redujo significativamente el consumo y crecimiento larval. Se observó una reducción del consumo por la menor preferencia de las larvas por proteínas animales en exceso.
En cuanto a la calidad del producto final, se identificó que el mayor contenido de proteína cruda en las larvas se logró a 31 °C con la mezcla 12:1, alcanzando un 54,20 %, mientras que el mayor contenido de lípidos se obtuvo con la mezcla 14:1 a 29 °C, con un 39 % de extracto etéreo. Estos valores posicionan a las larvas como un recurso nutricionalmente valioso para su uso en alimentación animal.
Por otro lado, el frass, subproducto del proceso, mostró características adecuadas para su aplicación como fertilizante orgánico, especialmente en tratamientos a 29 y 31 °C con relaciones C/N de 12:1 y 10:1, cumpliendo con los estándares establecidos por la norma NTC 5167:2022. En conclusión, la eficiencia de la transformación de residuos y la calidad de los productos obtenidos dependen directamente de las condiciones del proceso, siendo clave una adecuada proporción de nutrientes en el sustrato y un control adecuado de los
factores ambientales.
¿Qué impacto tuvo el reconocimiento de su investigación en el congreso?
Nos sentimos muy felices y orgullosos por el reconocimiento obtenido en el congreso, ya que representa una validación al esfuerzo y compromiso invertido en cada etapa del proyecto. Este logro no solo fortalece nuestra motivación para seguir investigando, sino que también representa un importante mejoramiento en nuestra hoja de vida académica y profesional, al respaldar nuestras capacidades en investigación científica, innovación y
sostenibilidad.
También nos encontramos con grandes expectativas, pues esperamos contar con el apoyo de entidades públicas y privadas en futuras investigaciones, ya que a lo largo de este proceso descubrimos nuestra verdadera pasión por la investigación en áreas relacionadas con los bioprocesos y el aprovechamiento de residuos. Creemos firmemente que ese es el camino hacia el futuro de la ingeniería química, un camino que no solo debe centrarse en la productividad, sino también en la sostenibilidad ambiental, económica y social.
¿Qué implicaciones tiene su investigación para la gestión de residuos y la sostenibilidad ambiental?
Nuestra investigación representa un aporte significativo a la gestión de residuos y a la sostenibilidad ambiental, al comprobar que el uso de larvas de mosca soldado negra constituye una estrategia eficaz, accesible y ambientalmente responsable para la transformación de residuos orgánicos. Los resultados demuestran que, mediante este proceso, es posible reducir considerablemente el volumen de desechos, obtener biomasa de alto valor nutricional para uso en alimentación animal y generar un subproducto (frass) con potencial como fertilizante orgánico, cumpliendo con los parámetros establecidos por la normatividad colombiana.
Se trata de una tecnología de bajo costo, ya que la materia prima son los mismos residuos orgánicos. No obstante, su eficiencia depende del control riguroso de variables como la temperatura y la humedad, fundamentales para garantizar la supervivencia y desarrollo óptimo de las larvas. Este enfoque no solo plantea soluciones concretas al manejo inadecuado de residuos, sino que además impulsa una economía circular, fomentando el aprovechamiento integral de recursos y contribuyendo al equilibrio entre productividad y sostenibilidad ambiental.
¿Cómo ha contribuido su formación como ingenieros químicos de la Universidad América, a su capacidad para llevar a cabo esta investigación?
Nuestra formación como ingenieros químicos en la Universidad de América ha sido fundamental para el desarrollo de esta investigación. Desde los primeros semestres, se nos ha motivado a involucrarnos en problemáticas reales como el cambio climático y la gestión de residuos, fomentando desde el inicio una conciencia ambiental y social. Los docentes constantemente nos inspiran a investigar, a creer en nuestras ideas y a desarrollar soluciones innovadoras con impacto.
Además, la Universidad cuenta con instalaciones y laboratorios bien dotados, que permiten llevar a cabo investigaciones de calidad. Más allá de lo teórico, la formación se enfoca en aplicar los conocimientos en entornos prácticos, lo cual fue clave para enfrentar con confianza cada etapa del proyecto. Este acompañamiento integral y el acceso a herramientas actualizadas nos permitieron materializar una propuesta realista, sostenible y con valor para el país.
¿Cómo se sintieron al representar a su Alma Máter en un evento internacional como este?
Nos sentimos orgullosos y agradecidos de llevar el nombre de la Universidad de América a un escenario académico de alto nivel, donde pudimos compartir el fruto de nuestro trabajo y demostrar la calidad de la formación que recibimos.
Fue una oportunidad para mostrar no solo nuestras capacidades como investigadores, sino también el compromiso de nuestra universidad con la sostenibilidad, la innovación y el aporte a los retos globales. Este reconocimiento nos llena de motivación para seguir aprendiendo, investigando y dejando en alto a nuestra institución.
¿Qué habilidades y conocimientos específicos desarrollan a través de esta experiencia? Y, ¿Cómo visualizan su futuro profesional después de esta experiencia?
A través de esta experiencia desarrollamos habilidades clave como el trabajo en equipo, la formulación de proyectos, el análisis crítico de datos y la capacidad de adaptarnos a condiciones experimentales reales. También fortalecimos nuestros conocimientos en bioprocesos, gestión de residuos, sostenibilidad y análisis bromatológico, lo cual amplió nuestra visión sobre el papel que puede desempeñar la ingeniería química en la solución de problemáticas ambientales.
Esta vivencia nos inspiró a proyectarnos profesionalmente hacia el campo de la investigación, con el deseo de seguir aportando a la reducción de la huella de carbono y al desarrollo de tecnologías sostenibles. Aunque a veces sentimos que falta mayor apoyo y visibilidad para iniciativas como esta, seguimos firmes en nuestro compromiso de generar impacto desde la ciencia y la ingeniería.
¿Qué consejos darían a otros estudiantes que estén interesados en llevar a cabo este tipo de trabajos de investigación?
A los estudiantes que estén interesados en llevar a cabo este tipo de investigaciones, les diríamos que aunque el camino no es fácil, definitivamente vale la pena. Sabemos por experiencia propia lo difícil que puede ser iniciar y, sobre todo, mantener la constancia durante todo el proceso experimental. Es una labor que demanda mucho tanto física como mentalmente; en nuestro caso, lidiamos con olores fuertes, cambios de sede y múltiples
ajustes, pero nada de eso se compara con la satisfacción de ver resultados reales y sentir que todo el esfuerzo valió la pena.
También les aconsejamos que tengan muy presente toda la metodología teórica antes de iniciar la experimentación. Conocer bien el paso a paso les permitirá reducir errores y garantizar que los datos que recojan sean confiables y útiles. La rigurosidad en este punto marca la diferencia.
Cuando empezamos nuestro proyecto de grado, sinceramente no imaginamos que llegaríamos tan lejos ni que recibiríamos un reconocimiento internacional... ¡pero fue muy, muy chévere! Así que si tienen una idea, apuéstenle con convicción. Investigar es retador, pero también es una de las experiencias más gratificantes que se pueden vivir en la universidad.
Educación Colombia felicita a los egresados Natalia Cortes Salazar y Brian David Casallas Martín. Junto a la docente de la Universidad de América, lograron este importante mérito académico, que refleja la excelencia y el compromiso de su institución.